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Os presento el último libro de la trilogía WolfHunters, donde acabo con todas las historias pendientes. De hecho, he escrito varios epílogos para que no quede ninguna historia inconclusa. Incluso un epílogo final con “unos años después”.

Pero hoy vengo a presentaros el primer capítulo De Fuerte y salvaje. Aquí va:

Hayda se recostó sobre la hamaca del hotel donde se alojaba. Su cuerpo se tostaba al sol mientras su mente planeaba acciones de violencia y venganza. Claro que nadie a su alrededor se imaginaría que una atractiva mujer morena, con el pelo que se ondulaba hasta la cintura y con curvas deliciosas, pudiera estar pensando en asesinatos y sangre.

Pero así era. Ella había vigilado durante dos días la ciudad, que afortunadamente no era demasiado grande. Y tuvo el golpe de suerte de encontrar al regente en uno de los hoteles situado al final del malecón.  Después, lo siguió y vio que, aunque se alojaba en el hotel, acudía a diario a un edificio cerca del paseo marítimo. Parecía una casa normal de cuatro pisos, con un local debajo sin alquilar. Y eso era extraño, porque los locales que daban al paseo estaban muy solicitados. Este, sin embargo, parecía abandonado. Unas altas vallas rodeaban todo el edificio, que tenía un pequeño jardín detrás bastante descuidado. Hayda no sabía si alguien vivía en algunos de los pisos, pero lo dudaba. Nadie que no estuviera en el ajo podría hacerlo. Por eso, se instaló en el hotel que estaba justo en la manzana de al lado. Desde la piscina tenía las mejores vistas al edificio, sin que nadie sospechase que la turista morena y con pinta de modelo, era una de las cazadoras más salvajes de los WolfHunters.

 

La regente Jordan le había dado la libertad de hacer lo que le viniera en gana, aunque ella sospechaba que, de alguna forma, ella siempre sabía lo que hacía. Desde que empezó a trabajar con ella, hacía ya muchos años, le prometió lealtad y compromiso, pero solo hasta que ella tuviera que caminar su propia vida. «Este es mi camino», se dijo a sí misma, intentando convencerse de que lo que estaba por hacer era lo correcto. Asesinar a uno de los regentes estaba penado con la muerte y serían los propios cazadores los que se encargarían de hacerlo. Tal vez Cédric fuera quien la cazara. Se removió inquieta al pensar en el hombre. Él era un claro macho alfa, desde luego. Pero ella era una hembra alfa. No podrían estar juntos, ambos eran demasiado fuertes, demasiado dominantes. Ninguno cedería ante el otro. Sería algo demoledor, aunque, tuvo que reconocer, el sexo había sido espectacular. Le hubiera gustado besarlo, recorrer toda su piel y sus fuertes músculos y estar horas amándose. Sacudió la cabeza para quitar ese pensamiento. No podía ser. Él tenía otro camino y en el de ella solo había un objetivo: la venganza.

Cerró los ojos para descansar de sus pensamientos sanguinarios y se sumió en un sopor al sol. Quería estar bronceada para parecer una turista e incluso si que quemase, no le importaría, pero su piel era de color ligeramente tostado por su ascendencia paterna y sabía que difícilmente se enrojecería.

Pensó en sus padres. Hacía mucho que no lo hacía. Cuando los perdió en la dura batalla contra los Córmacs, y la regente Jordan se hizo cargo de ellos, nunca pensó que todo acabaría así. Que perdería también a su hermano pequeño, lo único que le quedaba. Todavía podía ver las duras escenas de sangre y lucha.

Ella tenía diecisiete años y se preparaba para entrar en los WolfHunters, sus padres no querían que fuera, hasta que ella acabó por convencerles. Su padre estaba al cargo de una gran empresa y tenían una vida acomodada. Pero eran cazadores por familia. Su madre lo dejó cuando ellos nacieron, pero luego, cuando Shaw tenía diez años, volvió para acompañar a su adorado marido en la caza.

La guerra se desencadenó de una forma absurda. Hubo una gran concentración de Córmacs a las afueras de Shadow City y los cazadores de la ciudad comenzaron a alarmarse. Continuamente había desapariciones de humanos, y finalmente, comenzaron a desaparecer algunos cazadores. Llamaron a los compañeros de otras ciudades y todos acudieron, dejando un pequeño retén en cada ciudad.

Encontraron el nido en las afueras. Entonces toda su familia vivía en Shadow City, donde tenían una gran casa. Hayda quería ir a luchar, pero era solo una joven impulsiva. Sus padres partieron a la batalla y la obligaron a quedarse en casa con su hermano, a pesar de sus protestas.

Durante toda la noche estuvieron esperando noticias, pero hasta el día siguiente por la tarde nadie se acercó a su casa. Una recién nombrada regente, Jordan Parker, entró en su casa, con rastros de una cruenta batalla. Cuando vieron su rostro, supieron que nunca más volverían a ver a sus padres. Entonces, ella se encargó de su educación. En realidad, acogió a varios niños más bajo su tutela, a todos aquellos que habían quedado huérfanos.

Shaw tenía doce años y salió corriendo a llorar a su cuarto, pero ella no lloró. No comprendía como su cariñoso padre y su amorosa madre habían desaparecido de su vida de un plumazo.

Era cierto que nunca en la historia hubo tantos Córmacs y que hubo muchas bajas.  Una gran cantidad de jóvenes se quedaron sin padres. Ella supo de los gemelos Andrew y Tyron, que ahora estaban con Cédric, que perdieron también a sus dos padres. La mayoría había perdido a uno o a otro, muchos a ambos.

Su padre la había entrenado y preparado de forma muy exhaustiva, decía que ella tenía que saber moverse antes de ir a la calle, y también comenzó a preparar a Shaw, aunque no le dio tanto tiempo. Entrenaban cualquier tipo de arte marcial, tiro con arco, lucha con cuchillos, pistolas, y ella se hizo experta en todo ello. Era la niña de su padre y ambos pasaban mucho tiempo juntos. Su familia era muy alta y por eso ella creció hasta convertirse en una mujer de estatura superior a la media y atlética, aunque a esa edad no era tan fuerte como ahora, ni una décima parte.

Si hubiera ido, tal vez podría haber hecho algo, no sabía. No la dejaron probar. Ella se convertía en una fiera loba de las grandes, cosa que solo pasaba en aquellos que tenía un linaje antiguo. Shaw también empezó a crecer, aunque para su pesar, no era tan alto como su hermana, a veces ella le tomaba el pelo por ello…

Una lágrima se resbaló por el rostro de Hayda pensando en su hermano. Ahora ya no podría bromear con él y lamentaba haberlo hecho. Claro que él sabía que ella lo amaba. Y que haría lo que fuera por él. Desde que sus padres murieron pasaron a ser tutelados por la regente Jordan que fue compañera y amiga de su madre, pero cuando ella cumplió los dieciocho se hizo cargo de su hermano y empezó a dirigir la empresa de su padre, pero pronto dejó todo a cargo del director comercial, que resultó ser un intrigante y que llevó su empresa a la ruina. Todo por lo que había trabajado su padre, acabó en nada. Por suerte, no pudieron tocar el dinero de su madre, que era bastante abundante y ellos no quedaron en mala posición, aunque tuvieron que vender su enorme casa en Shadow City.

Desde entonces, ellos comenzaron a trabajar con la regente Jordan que se ocupó de castigar al estafador y todavía se estaba pudriendo en la cárcel, pero apenas recuperaron parte del dinero. Así que ella les ofreció un sueldo y una dignidad, e incluso una familia. Hayda apenas trató con Allegra, porque se dedicó a viajar por el mundo, pero Shaw sí que congenió con ella. Pensó incluso que acabarían juntos, pero al final Shaw decidió que le gustaban más los lobos que las lobas, así que solo fueron buenos amigos.

Todo se complicó cuando ella se convirtió en el guardaespaldas de la regente, su asistente. Era como una madre, aunque rígida y seria. Pero si necesitaba hablar, podía hacerlo.  Claro que Hayda no era una mujer precisamente habladora. Lo poco que conversaba era con su hermano Shaw, que también comenzó a ser del grupo de confianza de la regente. Fue él mismo el que se ofreció a espiar para ella. ¡En mala hora!

Se levantó de la hamaca y cogió sus cosas para subir a la habitación. Necesitaba una ducha y salir un poco a pasear. La vigilancia nocturna empezaría pronto y tampoco quería entristecerse pensando en su hermano. No, porque debía tener la cabeza fría y pensar bien los pasos a seguir. De momento, iba a hacer algunas fotos de los que entraban en el edificio, de las cámaras de vigilancia y de las medidas de seguridad.

Se felicitaba a sí misma por haber encontrado tan pronto al regente, y sabía que pronto daría el golpe final.  No había pensado si destruiría el edificio, o primero asesinaría al regente, sin importarle las consecuencias.

Tampoco le importaba mucho lo que estuviera haciendo, lo único que quería era destruir todo. Puede que Jordan sospechase sus intenciones, aunque le había pedido que en el hipotético caso de que ella fuese a por el regente, era preferible encontrar pruebas, para llevarlo a la cárcel y hacerle pagar por su maldad.

Se desnudó y entró en la ducha. Hoy le había dado bien el sol, ya estaba tomando color y su rostro tenía un aspecto saludable. Ella nunca se molestaba en arreglarse de forma femenina, pero esta vez iba de incógnito y tenía que parecer inofensiva.

Se arregló con algo de dificultad la melena con el rizador y dejó que cayera sobre su espalda en preciosos bucles oscuros con reflejos rojizos. Se puso un vestido con cuello halter, escotado en la espalda, dejando ver que no llevaba sujetador. Sus pechos no se caerían, tampoco eran excesivamente abundantes y sus músculos pectorales los sujetaban bien. El vestido era corto, hasta medio muslo, de forma que, si se agachaba mucho, se vería su trasero enfundado solo en un tanga escueto.

Después, se puso unas sandalias planas, no quería parecer más alta de lo que era. Se maquilló bastante hasta dejar de parecer fiera.

—Parezco una actriz porno —dijo a su reflejo, aunque tenía que reconocer que estaba preciosa. Si la viera su hermano, se partiría de risa.

Cogió un pequeño bolso en el que llevaba una pistola y su móvil para hacer las fotos de la casa.  La comedia iba a empezar.

Salió por el vestíbulo del hotel y todos se la quedaron mirando; admirados los hombres, celosas las mujeres. Ella lo notó.  «Si ellos supieran», pensó irónica.

Poco le costaría deshacerse del mínimo vestido si tuviera que convertirse en lobo. Pero no era el momento ni el lugar. Se dirigió por el paseo marítimo. Algunos hombres se le acercaron para intentar ligar con ella, pero ella los rechazó a veces amigable, a veces brusca, dependiendo de lo pesados que fueran.

Comenzó el teatrillo. Se puso frente al mar y sacó el móvil para la sesión de fotos.  Ella se hizo algún selfie, pero luego cambió de posición la cámara y se puso de espaldas al mar, haciendo poses sensuales, mientras, en realidad, tomaba fotos de la casa.

Incluso se había hecho una cuenta en Instagram para subir las fotos, y dar más cobertura a su tapadera.  Claro que tampoco subía las fotos en las que se le veía la cara. No quería que nadie la reconociera. Apenas unos labios brillantes, sus largas piernas, una silueta, todo muy sensual pero misterioso. En una semana había conseguido más de doce mil seguidores, casi todos hombres.

—Estúpidos —dijo subiendo una de las fotos que se había tomado junto al mar. Se le veía parte de su muslo con el vestido subido. Era muy sensual.

¿Era necesario hacer eso? Seguramente no, pero Hayda tenía una emoción rara, algo parecido al morbo y, en algunas ocasiones, deseaba mucho estar con un hombre. Desde el polvo con Cédric, se había despertado más de un día excitada y deseando estar con él.  Acababa en la ducha o en la cama dándose placer, aunque era agradable, no era como tener a ese macho encima de ella.

Pero su prioridad no era él ni ella. Además, cuando él descubriera lo que había hecho dejaría de interesarse. Había escuchado hablar sobre él a la regente y sabía que era un tipo muy recto, que se había unido con una humana y que no había salido bien. De eso no sabía mucho, pero sí que era inflexible con las reglas y las normas de los WolfHunters, como ella lo había sido, hasta ahora. En este momento se las iba a saltar todas, sin importar las consecuencias.

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Muchas gracias!!!!