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Hoy os quiero mostrar el primer capítulo de la segunda parte de la saga romántica sobrenatural WolfHunters, que básicamente, muestra la lucha de los buenos (lobos) contra los malos (vampiros raros), con unos musculados protagonistas.

Sin más, aquí está:

El gruñido del animal era espantoso, pero a pesar de ello, el hombre aguantó fuerte para que la vieja puerta no se abriera. Sabía que las primeras veces, al cambiar en WolfHunters, los lobos no eran totalmente responsables de sus actos.

Tyron contaba con ello. Y contaba con que, en un momento dado podría tener que transformarse y por eso se había quedado en calzoncillos. La pérdida sería menor y su esposa, Anika, no lo llevaría tan mal si él volvía desnudo a casa.

Había acompañado al desafortunado policía a una casa que tenía a las afueras, al parecer de algún pariente ya fallecido, con una bodega bastante apropiada, pero que tendrían que reforzar sin duda.

Pobre Samuel, el convertirse en lobo había sido una sorpresa, para él también, se dijo. Y constantemente intentaba convencerle de que fueran a consultar a Cédric, pero él se negaba. Tampoco es que fuera algo obligatorio, no tenía que rendir pleitesía al jefe de la manada de la ciudad… a menos de que se decidiera a salir como lobo por las calles.

A veces llegaban otros lobos de visita, pero siempre avisaban a los cazadores que vivían en la ciudad. Por si acaso.

Pero Samuel no quería decírselo a nadie. Todavía no lo había asumido y por suerte no había asesinado a nadie. Los lobos no tenían sed de sangre como los vampiros a los que llamaban Córmacs, pero un accidente podría sucederle a cualquiera.

Sujetó fuerte la puerta mientras el lobo golpeaba para salir. Samuel había insistido en que no lo dejase. No era consciente de sus actos. Se asustó cuando se transformó por primera vez, pero más cuando se despertó en el  puente de Golden City, desnudo y con sangre en el suelo. Horrorizado, miró a su alrededor y vio que algunas ratas estaban despedazadas por el lugar. Vomitó durante largo rato y tuvo suerte, pues un vagabundo le prestó un raído y oloroso abrigo, por lo que no tuvo que volver desnudo a su casa.

Al día siguiente le dio un fajo de billetes al hombre que ni siquiera lo reconoció, con su elegante traje de inspector.

Por eso, no quería salir de casa convertido en lobo. Cuando fue a buscarlo a su casa, le pidió discrección. Si Tyron se caracterizaba por algo, aparte de las bromas a su hermano, era por ser fiel y leal a sus amigos. Desde que lo vio actuar, Samuel no era un hermano, aunque sí un amigo.

Los golpes se sucedieron durante un buen rato, hasta que al final cesaron. Tyron se asomó por una rendija y aún vio los ojos fieros del lobo. Suspiró. Otra vez tendría que mentir a Anika y decirle que estaba de patrulla. El policía no quería saber nada de lo suyo, pero al menos había aceptado ser tratado por la doctora Graham, que también estaba en el ajo. Le suministró los esteroides necesarios para controlar al lobo y ya llevaba una semana tomándolos. Pero hoy, un mensaje alarmado hizo que el gemelo de Andrew saliera pitando de casa. Justo a tiempo.

Había visto a Sam desnudo unos instantes antes de transformarse y, desde luego, se estaba convirtiendo en un enorme guerrero. Ya era alto y fuerte, pero ahora los músculos se definían en su pecho, en brazos y piernas, y sus abdominales no serían muy diferentes a los de Tyron en poco tiempo. Además, con su piel color tostada, estaba convirtiéndose en un tipo muy atractivo. Tyron tenía ojos en la cara y lo veía. También le había aconsejado que buscase sexo, y que seguramente no tendría problemas en encontrarlo. Pero la moralidad del policía era muy alta y comprendió desde el primer momento que no era un tipo que iba de flor en flor.

Suspiró desanimado. Él tenía sexo a diario con Anika, siempre que podían ambos y eso le ayudaba a controlar mucho sus hormonas. Incluso la doctora le había bajado algo la dosis del preparado. Estaba  haciendo de conejillo de indias para ella, pues casi ningún WolfHunter se había emparejado con humanas.

Un fuerte golpe se escuchó y Tyron abrió la puerta. Samuel estaba sentado en el suelo, ligeramente mareado.

—¿Qué tal, hombre? —dijo el cazador—. ¿Mejor que la última vez?

—No —dijo él vomitando en un lado—. ¿Cuándo crees que estaré bien?

—Lo tuyo es diferente, todos  los cazadores nacimos así, y nos convertimos en la adolescencia —Alargó su mano para ayudarle a levantarse—. Por eso creo que deberías decírselo a Cédric. Tal vez haya algún caso de adulto que se ha convertido. Y también podríamos saber por qué.

—Yo sé por qué. Allegra me contagió con su sangre —contestó Samuel enfurecido.

—No seas desagradecido, te estabas muriendo. Ella te salvó.

—¿Me salvó o me condenó? Yo no pedí esto.

Samuel se vistió enfadado y Tyron hizo lo mismo. Si no salía de ese bucle de resentimiento y autocompasión, poco podrían hacer.

—¿Te has tomado el preparado de la doctora? —Miró a Samuel que asintió.

—No me ha hecho efecto. Se supone que no debería transformarme.

—¿Te fuiste con alguna mujer o con algún hombre, me da lo mismo? Ya sabes que eso descarga el sobrante hormonal…

—Sí, ya sé, ya sé —cortó el policía—. Pero he tenido mucho trabajo. Tenemos una banda de atracadores que están destrozando los comercios y atacando a los dueños con gran crueldad. No solo existen los Córmacs.

—Bueno, si necesitas algo que yo pueda hacer…

—Ya estás haciendo demasiado y siento ser tan borde, pero me cuesta asumir que ya no tendre una vida normal.

—No, ahora serás más guapo, como yo —dijo él intentando quitarle hierro. Consiguió que Samuel sonriera.

—Es cierto que me han preguntado si voy al gimnasio… mis compañeros alucinan con el cambio.

Samuel se encogió de hombros. Al menos estaba más tranquilo, después de la transformación.

—Hoy sí he notado que no me iba del todo, seguía siendo consciente, por algunos momentos.

—¡Eso es bueno! —contestó su compañero dándole una palmada en los hombros. Si lo hubiera hecho hace unas semanas, lo hubiera tirado al suelo.

—No te habré causado problemas con Anika, ¿verdad? —preguntó Samuel mientras se ponía la cazadora.

—No, tranquilo. Ella sabe mis horarios. ¿Has visto a Tasha últimamente?

El policía  negó con la cabeza. No se atrevía a pasarse a verla, porque ella quizá descubriera su secreto.

—Ella y mi hermano han dejado de verse. No sé qué ha pasado, porque Andrew no me dice nada. Solo está insoportable. Viene a ver a Anika, y aparte de las ojeras, está bien. Tampoco mi chica me dice nada. Dice que no me interesa.

—Ella es así —sonrió Samuel—. ¿Qué tal le va su negocio de catering?

—Va despacito, pero la cafetería está muy animada. Dice ella que vienen muchas mujeres a ver si me ven, pero yo estoy seguro que es por sus pasteles caseros y la variedad de tés que tiene. Estamos pensando en destinar una de las paredes para que vengan pintores o fotógrafos a exponer. Eso atraerá a más público y si hacemos inauguraciones, quizá salga alguna celebración.

—Muy buena idea. Me pasaré a veros y quizá hable con Tasha. ¿Qué pasará si ella se entera de que me convierto en lobo? —dijo el hombre apesadumbrado.

—Bueno, no tenía ningún problema con mi hermano. Pero, Sam, ¿ella te interesa? Quiero decir, como algo más que amiga —contestó preocupado—. Mi hermano sigue loco por ella…

—No, tranquilo. Hace tiempo que sé que ese tren ya pasó. Pero la aprecio mucho, es una buena amiga.

—Vale, me alegro. No quisiera tener que amenazarte —dijo él bromeando.

—Quizá ahora no pudieras conmigo —presumió el policía dándole un puñetazo amistoso. En verdad apreciaba lo que el hombre estaba haciendo por él, a espaldas de los suyos.

—Nos vemos, Sam.

—Gracias, Tyron. Por todo.

El cazador asintió y se subió en la moto. El inspector subió al coche, más aliviado en todos los sentidos. Sus hormonas volvían a su estado normal, había conseguido no perder la conciencia todo el tiempo y se había convencido de que ver a Tasha no sería tan malo. Estaba deseando hacerlo, porque la echaba de menos. Siempre la había considerado una amiga, aunque durante un tiempo pensó que podrían ser algo más, pero en ese aspecto no congeniaban. No sintieron nada cuando se besaron y, sin embargo, cuando hablaban de sus cosas, lo disfrutaban. Prefería tener una gran amiga que una fallida amante.

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