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Multiplicar por uno es como no hacer nada.

Esa frase rondaba mi cabeza desde que me había despertado. Mientras miraba cómo ascendía en el ascensor hasta el quinto piso, que es donde yo vivía, la frase me absorbía cualquier pensamiento, sin llegar a comprender realmente qué quería significar.

Multiplicar por uno es como no hacer nada.

De repente, el ascensor donde me encontraba se convirtió en un vehículo, como un tranvía sin techo, y comencé a circular absurdamente por las vías del tranvía de mi ciudad.

iba sola, mirando asombradamente a uno y otro lado de la calle. De repente, me giré hacia la parte posterior de mi tranvía y vi cómo iba subiendo más y más gente.

Yo les quería decir que esto no era un tranvía, que era un ascensor. Pero insistían en seguir subiendo. así que me concentré en mirar hacia delante. Tampoco había volante o palancas para dirigir el tranvía, y sin embargo, iba deteniéndose en cada parada, donde se subían algunas personas. Aunque nadie bajaba.

Volviéndome hacia toda la gente que llevaba en mi ascensor-tranvía les dije.

“Por favor, están en un ascensor, y deberían bajarse ahora”

Pero cada vez que alguien intentaba bajarse, se volvían niños pequeños, hablando como tales, aunque su aspecto físico era normal.

Eso me hizo pensar que tal vez para bajarse del tranvía, tenían que aprender algo. Así que, de nuevo me volví hacia ellos y les dije.

“Piensen qué tienen que aprender ahora, y podrán bajarse del tranvía”

Todos se pusieron a pensar con el corazón, y conforme les iba viniendo la idea de lo que tenían que aprender, iban bajando del tranvía.

Al final me quedé sola. De nuevo.

El trayecto se acababa.

Vino a mi mente de nuevo la frase.

“Multiplicar por uno es como no hacer nada”

Entonces, lo comprendí. El tranvía se convirtió en ascensor de nuevo y al llegar al quinto, me desperté del sueño.