Capítulo 1 de Millonario de Rebote

Capítulo 1. Calor infernal
Mason
Las Vegas en verano es como si el puto infierno hubiera subido a la Tierra y el diablo se estuviera partiendo el culo viéndonos sudar. Una época donde los aires acondicionados son imprescindibles para la vida y, por supuesto, todo el santo mundo quiere su piscina.
—¡Mason! Te toca el siguiente —dice mi tío y jefe, Carlos Vega, afincado en la ciudad desde que nació y dueño de un negocio pequeño de fontanería y mantenimiento de piscinas, donde yo trabajo desde los dieciséis cuando… cuando mi hermano Stephen y yo tuvimos la peor y más triste suerte del mundo.
—¿Dónde es? Iba a acabar por hoy, joder.
—Es urgente y nos ha contactado Fontanería Smith, que no podían atenderlo.
—Será un puto marrón, tío Carlos.
—Deja de hablar mal y ve. En ese barrio vive gente muy rica así que sé amable.
Cojo la camioneta maldiciendo en voz baja y como tampoco tengo aire acondicionado, bajo la ventanilla y saco el brazo. Podría sacar la cabeza, si fuera un perro. Maldita sea, me iba a ir a la ducha y tal vez quedar con Mimi, sudar juntos, que eso sí me gusta.
Me meto por el barrio de The Ridges y sí, es uno de los más lujosos de la ciudad, sin duda. Llego a la casa y una persona —que no sé si es hombre o mujer— de piel oscura, maquillada con una explosión de colores, con top y short, está esperando fuera, dando saltitos.
—¡Gracias a Dios! ¡Has llegado!
—Sí, ¿qué ocurre?
Me mira de arriba abajo y sonríe, después, estira la mano.
—Soy Kaly, Kaly nomedalavida. ¿Sabes?
—Muy bien, yo Mason Vega. ¿Dónde está la avería?
Se me queda mirando como si fuera extraterrestre, pero mueve la cabeza y abre la puerta. Saco el maletín con lo básico, todavía no sé qué coño pasa y por qué estoy ocupando mi tiempo libre, por ese… esa… Kaly.
Caminamos por el jardín hasta la piscina. Kaly me la señala y la miro. Lo miro. Yo qué sé.
—¿Qué sucede?
—La piscina no traga y esta tarde tengo una fiesta. No hemos podido encender el depurador porque creo que hay algo atascado. Por favor, por favor, tiene que arreglarlo.
¿Y esto era tanta urgencia? Maldita sea un niño rico que tiene problemas con su piscina. Con mi maletín, entro en la caseta donde tiene el motor y lo reviso. Reinicio varias veces y por lo que parece, sí hay algo atascado, pero no querrá vaciar la piscina.
Salgo y, a pesar de que el tipo —sí, vi que tenía paquete— es alto y delgado, anda dando saltitos nerviosos.
—Mire, hay un atasco y si no vacía la piscina, va a ser complicado. No puede enchufar al motor porque se joderá y explotará.
—No, ¡No! ¡Dios mío! ¡Es un desastre! Y no puedes… ver qué pasa ahí dentro —dice señalando la piscina.
Podría, pero no sé si quiero.
—Te pagaré el triple por tus servicios, Mason, ahora mismo voy a por la chequera.
—No he traído bañador, no querrás que me meta en pelotas.
—Por querer, pero puedo dejarte uno… discreto.
—Está bien, pero no te aseguro que lo pueda arreglar. Voy a apagar todos los motores y ni se te ocurra encenderlos o se me tragará.
Me mira con los ojos aterrorizados y casi aguanto la risa. Va corriendo y vuelve con un bañador corto, pero al menos es oscuro y un cheque con una cifra enorme. Trago saliva y lo guardo en mi cartera.
—¿Dónde me cambio?
Me señala un vestuario y me pongo el bañador, que me tapa lo justo; vamos, que si me muevo mucho, se me va a salir un huevo.
Salgo y él abre los ojos muchísimo. O sea, me cuido y voy al gimnasio, pero su cara es para foto.
—No toques nada.
Cojo una palanca de mi maletín y me tiro de cabeza. El agua está fresca y huele a desinfectante, es muy agradable, al menos me quita el calor. Consigo alcanzar la rejilla y la abro. Murmuro en el agua, está llena de cosas. Así era imposible que funcionase. Saco un trozo de tela, varios juguetes de goma en forma de polla y alguna bolsa de plástico. Hago varios viajes dejándolo en la orilla mientras lo escucho hablar, imagino que por teléfono. Luego, en lugar de subir por la escalera que está lejos, me subo por la orilla, y me pongo de pie, me sacudo algo y levanto la vista.
No solo Kaly sino otras dos personas indefinidas, me están mirando. ¿Se me habrá salido un huevo?
Compruebo el pantalón y veo que no. Kaly sigue mirando su teléfono y espero, paciente hasta que cuelga.
—Esto… esto…
—Sí, debes tener cuidado con todo esto que tiráis a la piscina, no es un cubo de basura. Déjame ver si funciona.
Me meto a la caseta del motor, todavía en bañador por si hay que volver a remojarse. ¡Quién tuviera una mansión así! Estaría todo el día remojándome los huevos.
El motor ronronea y empieza a filtrar. Escucho grititos de alegría y salgo sonriendo. Me da que son muy jóvenes. Él me da un abrazo y me aprieta los brazos.
—Eh… gracias… —digo dando un paso atrás—. Voy a vestirme.
—¡Qué lástima! —dice otro pelirrojo que va vestido de punki.
No hago ni caso y después de vestirme y revolverme el cabello, Kaly me da otro cheque, aunque lo rechazo algo abochornado.
—No es… necesario, ya me has pagado bastante. Has visto que no ha sido para tanto.
—Ay, caramba, encima eres legal. Tu fontanería es Hermanos Vega, ¿verdad?
—Sí —contesto con el rostro ensombrecido. Empezó así, pero ahora solo queda un hermano.
—¿Y tienes redes sociales?
—¿En la fontanería? Sí, las lleva mi prima.
—¿Y sueles salir en ellas? ¿Te importa que te publique o algo?
—Me da igual. Sí, a veces explico cómo hacer cosas. A la gente le gusta.
Se mete en nuestra cuenta y asiente. Sí, hay algunos vídeos montando grifos y tal. Nada del otro mundo.
—Te debo una muy grande, Mason. Haré algo en plan hada madrina contigo, si me das permiso.
Los otros dos saltan tan emocionados que casi me da la risa, pero risa en plan como si fueran unos hermanos pequeños. Me encojo de hombros.
—Haz lo que quieras. Tengo que irme, ¿vale?
De nuevo me da un abrazo y de paso también los otros dos, y noto que tocan un poco de más los brazos, pero son discretos y no digo nada. Salen a despedirme y me envían besitos. ¿Acaso tengo pintas de gay? Muevo la cabeza y feliz de la vida con ese cheque generoso, voy a la oficina, se lo doy a mi prima Rebecca y ella abre los ojos asombrada.
—¿Te has prostituido o qué, tío bueno?
—Mira que eres bruta. No, el dueño estaba agradecido. Era Kaly yatusabes o no sé qué me ha dicho.
—¡No jodas! ¿Kaly nomedalavida?
—Sí, esa, o ese. ¿Es un tío o una tía? Me quedé con la duda.
—Es de género fluido, tú sí que eres bruto. Puede ser hombre o mujer cuando quiera.
—Pues mira qué bien. Así moja por los dos lados.
—Dios, eres un neandertal. Es una de las influencers más famosas de Estados Unidos, tiene más de doce millones de seguidores.
—¿Y qué hace?
—Ven que te lo enseño.
Entra en su cuenta de Tik Tok y veo varios vídeos de Kaly. En el último que debió poner esta mañana, está llorando porque la piscina está atascada.
—Sí, justo ahí. Me dejó un bañador y tuve que meterme para desatascar el desagüe. Estaba lleno de cosas.
—¿Qué te pusiste en bañador? —pregunta mirándome. Me encojo de hombros—. Madre mía con ese cuerpazo que tienes se les haría la boca agua.
—Sí, creo que los tres me dieron un abrazo unos segundos más largos —digo riéndome.
—¿Los tres? ¿Había uno pelirrojo y otro vestido de negro?
—Sí. Esos.
Empieza a abanicarse como si le fuera a dar un ataque.
—¿Qué te pasa, prima?
—Joder, Mason, son los tres influencers más famosos de casi todo el mundo. Nadie sabía dónde era la fiesta de esta noche y va a ser aquí. Vendrán muchísimos famosos, incluso políticos, ni te haces idea de lo que pueden conseguir.
—Chorradas. Eso no me va.
Ella se echa a reír y le doy un beso en la coronilla. Estoy deseoso de irme a tomar unas cervezas.
—Eres un troglodita, Mason. Deberías actualizarte.
—Me da igual. Paso de estas tonterías. Me largo a tomarme una birra.
—Y a echar un polvo, ¿no?
—O dos.
Le guiño el ojo y me meto al vestuario, una ducha rápida y mi camiseta negra con vaqueros y deportivas. Cojo la moto y voy hacia el Bulers, donde nos solemos reunir la pandilla. Jayden, mi amigo boxeador, Renata, que es diseñadora o lo intenta, Alice, que se acaba de casar con Thomas y anda buscando trabajo y Mimi, mi último ligue que se ha unido a la pandilla. Todos nos criamos en el mismo barrio, Sunrise Manor y, aunque Alice es tres cursos mayor que nosotros, los cuatro acabábamos juntándonos en la sala de castigo del colegio y nos hicimos buenos amigos.
Me voy a la barra y me pido una jarra de cerveza, estoy sediento. Jayden está sentado ya en una mesa con el ceño fruncido.
—¿Problemas en el gimnasio?
Suelo ir a entrenar allí y no me cobra, a cambio, si tiene alguna avería, la soluciono.
—El puto alquiler, que quiere subirlo y no da para tanto, joder.
—Putos avariciosos —digo cabreado—. ¿Cuánto te falta? Tengo algo ahorrado.
—No es eso; podría solucionarme el mes, pero ¿el siguiente? El muy cabrón quiere vender el edificio entero a un constructor para apartamentos y un gimnasio de élite o lo que sea que haga.
—Convierte tu gimnasio en algo así. Tus entrenamientos son la hostia.
—Tú deliras. No tengo dinero para eso. Desde que me lesioné y no puedo combatir, se ha ido todo a la mierda.
—Mira, te dejo el dinero para este mes y el que viene ya se verá. ¿Vale?
—Te lo devolveré como sea, venderé un riñón si es necesario.
Me echo a reír. Jayden tiene el típico perfil de boxeador con la nariz algo tocada, pero es un tipo alto y atractivo, con la cabeza rapada y sin barba.
Llega Renata resoplando. Ella es una preciosa chica, latina como nosotros dos y trabaja en un taller de un diseñador. Últimamente suele estar de peor humor, pero por lo que sea, no suelta prenda.
—Necesito cerveza en vena —dice y cuando la miro, niega con la cabeza, así que me levanto a por una bien fría.
Luego llegan los recién casados, Alice y Thomas. Él es un comercial de coches que se metió en nuestra pandilla por Alice, pero que no nos cae bien a ninguno. Nos mira como si fuéramos cucarachas. Pero ella está enamorada y es nuestra amiga, así que nadie la cuestiona.
—¿Qué tal, tíos? —pregunto y empieza Alice.
—Thomas y yo nos mudamos de piso. Hemos comprado —él carraspea—, ha comprado una casa con jardín en Spring Valley y pronto dejaremos el apartamento de alquiler.
—Pero si te encantaba la zona, Alice —dice Renata. Thomas se remueve y ella se sonroja. Siempre fue una chica tímida.
—Esta es mejor, ya veréis. Tiene piscina en la comunidad. Podréis venir a refrescaros.
El tal Thomas vuelve a carraspear y me dan ganas de soltarle una hostia con la mano abierta, pero Mimi llega y se sienta en mi muslo dándome un beso suave en los labios.
Ella es rubia, llegó al colegio cuando ya salíamos nosotros y según Jayden, siempre estuvo colada por mí. Solo que yo… no. No digo que no tenga un cuerpo bonito y que no sea buena persona, pero es como… sí, Mason, lo que quieras, Mason. Me pone de los nervios.
—Anda, siéntate en una silla. ¿Te pido una cerveza?
—Sí, Mason.
Enarco las cejas y me levanto, escuchando las risitas de mis amigos por lo bajo. Menos mal que no es nada serio. Me entretengo hablando con el camarero, que era amigo de mi padre y mi tío y me cuenta que ya tiene un nieto, que a ver si me animo.
—Eso se lo dejaré a mi hermano, que ya está formal allí en su rancho.
—Hace mucho que no lo veo, ¿cómo le va?
—Vivir al lado de un puto desierto en verano y hacer excursiones a caballo no es muy rentable, pero va aguantando.
—¿Sigues yendo a ayudarle?
—Los fines de semana. Le viene bien.
—Tienes un corazón que no te cabe en el pecho, Mason, y mira que eres grande. Eso lo dice siempre mi mujer.
—Porque me queréis mucho —acabo diciendo entre risas. Escucho aullar a mis amigos que andan mirando algo en el móvil, así que cojo la cerveza de Mimi y voy para allá.
—¡No me jodas! —dice Jayden mirando el móvil, luego a mí y luego al móvil.
—Por Dios, Mason, ¿todo eso tienes? —dice Renata asombrada.
—¿Pero qué coño pasa?
Renata me da el móvil y veo la casa del tal Kaly. Luego salgo en bañador tirándome en la piscina y después saliendo, en puta cámara lenta de la piscina y sacudiéndome el pelo.
—Me he puesto cachondo hasta yo —dice Jayden.
—Joder, lo que dicen en los comentarios, tío —comenta Renata pasando el dedo por ellos—, hasta a ti te harían sonrojar.
—Esto fue la reparación de esta mañana, una piscina atascada, pero no entiendo nada.
—Disfruta de tu momento efímero de fama —dice Thomas mirándome con cierta envidia.
—Ni la quiero —contesto de mal humor.
—¿Te pidió permiso para publicar el vídeo? —pregunta Alice. Asiento.
—Sí, me dijo si salía en redes y sabéis que he hecho algo para la fontanería. En plan cómo se monta o desmonta alguna cosa.
—Estás siendo muy viral —dice Jayden, que entiende más de estas cosas.
—¿Y de eso me darán pasta?
—En principio, no creo, pero quizá podrían…
—Entonces, dejadlo ya y tomemos una cerveza.
Retiran el móvil y los miro molesto. Aunque Mimi se acerca con intenciones claras, ni ganas tengo. No me cabrea que Kaly me haya sacado en esa red, y sé que le di permiso, pero es raro que tanta gente esté diciendo cosas obscenas y guarras sobre mí. Muchos de ellos son hombres.
Mis amigos se meten de vez en cuando en las redes y ríen por lo bajo, me miran para ver si quiero ver algo, pero al final, molesto, me largo.
Cojo la moto y me voy a las afueras, al rancho de mi hermano. Al menos ahí estaré tranquilo. Stephen tiene dos años menos que yo y él se fue a vivir a casa de la hermana de mi madre. Nos… repartieron cuando mis padres murieron en ese maldito accidente. Yo me quedé con mi tío Carlos y él con la tía Grace. Ninguno de los dos podía hacerse cargo de ambos a la vez y nos separaron, aunque es cierto que nunca perdimos el contacto, pero claro, no vivir juntos fue duro. Lloramos mucho, pero no quedó otro remedio. Yo tenía dieciséis, dejé el instituto y comencé a ayudar a mi tío. Mi hermano, con casi catorce, siguió en el colegio, él sí era listo y mi tía Grace hizo lo posible por pagarle la universidad. Lo que yo ganaba iba también para sus estudios. Se incorporó al rancho en cuanto acabó veterinaria y al poco conoció a Linda y se comprometieron. Una historia muy bonita de amor.
Suspiro mientras aparco la moto. Los dos perrazos que tiene de raza indefinida salen a recibirme y aparece Stephen con el móvil en la mano, mirándome con el rostro sorprendido.
Oh, no, ha llegado hasta aquí también.

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Mira algunos comentarios:
Noreia:
«Jajajajajajajaja (me río porque me encantan los epílogos e hizo un pequeño resumen de lo que pasó con sus vidas ). Bueno, pues en este caso y como se puede intuir tenemos el estereotipo de un hombre objeto, y más que un malo, lo que nos encontramos son vivencias dolorosas del pasado que muchas veces no podemos dejar atrás y creemos que nos van a hacer sufrir otra vez y por eso nos da miedo amar, y ya se sabe que muchas veces, uno mismo suele ser su peor enemigo. Quitando esto, el personaje que más me ha gustado ha sido el de Kaly, y bueno, spoiler, va a aparecer en más libros!!! Con lo que según dice nos va a seguir contando cositas del resto de sus amigos. Así que, si hay alguien al que le hayas cogido cariño, no desesperes, que es posible que le haga un librito!»
Rebeca:
«Muy fresca y divertida, me ha gustado mucho amé a todos los personajes, menos a uno, ya sabrán porque cuando la lean.»
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