Capítulo 1 de Habla con Alma

Habla con Alma es una novela de fantasía sobrenatural, te dejo la sinopsis:

Cuando el mundo de los vivos se entrelaza con el de los espíritus, el peligro acecha en cada sombra.

Maya tiene un don no deseado para comunicarse con espíritus. Con la ayuda de un chat anónimo, intenta mantener su vida normal mientras ayuda a las almas a encontrar paz.

Sin embargo, la ciudad se ve sacudida por una serie de crímenes extraños. Adivinos, tarotistas y otros profesionales del mundo sobrenatural están siendo asesinados uno tras otro.

En medio de este caos, Francesco, un inspector de policía escéptico, se ve obligado a pedir ayuda a Alma. A pesar de su incredulidad sobre lo sobrenatural, él confía en las personas y sabe que ella podría ser la clave para resolver estos misteriosos asesinatos.

Juntos, Alma y Francesco se adentran en un mundo donde las líneas entre lo natural y lo sobrenatural se difuminan.

Podrán descubrir la identidad del asesino antes de que sea demasiado tarde? ¿Qué secretos revelarán los espíritus sobre el motivo detrás de estos crímenes?

Sumérgete en esta historia de fantasía romántica y misterio paranormal de la autora bestseller Anne Aband. ¿Estás listo para desvelar los secretos que se esconden en las sombras?

(Incluye al final del libro la descarga de un relato de siete capítulos extra sobre uno de los personajes)

PRIMEROS CAPÍTULOS DE HABLA CON ALMA

Prólogo

La niña de siete años estaba jugando con una de sus muñecas cuando su padre se acercó.

—Nena, dile a mamá que la quiero mucho y a ti y a tu hermanito también. Y dile que las llaves de la caja están en el calcetín de cuadros, segundo cajón.

La niña, sin saber mucho más obedeció y se fue hasta su madre que estaba en la cocina y le dio el mensaje. Su madre se quedó pálida. Al momento, recibió una llamada. Su esposo había fallecido en un accidente con el camión. Miró a la niña y se tocó su vientre plano. Se enteró en ese mismo momento que su esposo había fallecido, que su hija había heredado el don de la mediumnidad de la abuela y que estaba embarazada.

***

Desde ese momento, todo fue borroso, no recordaba ver nada. Solo sabía que tenía amiguitos invisibles, que su madre solía mirarle raro cuando hablaba con ellos y que ella se asombraba de que no los viese. Después, cuando fue adolescente, todo eso pasó, nadie se comunicaba con ella, hasta que al cumplir los diecisiete volvió a comenzar.

 

Capítulo 1. Habla con Alma

—Hablas con Alma, ¿en qué puedo ayudarte?

—Quiero contactar con mi marido, que ha fallecido hace un mes —dijo una mujer llorosa desde el otro lado del chat de voz.

—Escríbeme cómo se llama para tu privacidad, ¿de acuerdo? —dijo Maya con la voz ronca. Casi no tenía fuerzas para hablar.

Ayer casi no había dormido con los terribles sueños que tuvo. Esperaba que solo fueran sueños, pero lo dudaba. Sintió el olor de la suciedad, un lugar abandonado y algo oscuro y terrible.

La consultante le pasó el nombre por el chat y automáticamente, tras cerrar los ojos, el alma entró en contacto con ella. Un cierto olor a motor inundó sus fosas nasales. A veces, los espíritus se manifestaban visual y auditivamente. Pocas veces la tocaban, y lo agradecía porque era escalofriante. Si habían trabajado en algún lugar con olores fuertes o murieron en lugares desagradables, los terribles hedores se metían en ella y tardaba en perderlos, por mucho que se duchase.

—Dime qué quieres saber. Él ya está aquí.

—Quiero saber si está bien. Y quiero decirle que lo echo de menos —la mujer, que no debía ser muy mayor, comenzó a llorar.

Maya comenzó a transmitir el mensaje del joven marido, que estaba pesaroso.

—Querida amiga, tu esposo dice que está bien, que no sufre y que siempre estará a tu lado. También dice que rehagas tu vida, que hay personas que te quieren y que eres muy joven para ser viuda para siempre. Me dice que cuides de Lucas, ¿es tu hijo?, y que le digas a su madre que está muy bien.

—Lucas es nuestro perro, mi esposo lo adoraba. Muchas gracias, Alma.

—De nada, y ya sabes, sé feliz.

Maya colgó el chat de su web y suspiró. El esposo ya había desaparecido, aunque había dos o tres desencarnados que le rondaban, como siempre, esperando que sus familias llamasen. Pero era la hora de cerrar, de descansar, si es que eso era posible.

—Queridos amigos, nos despedimos por hoy. Mañana estaré de nuevo a vuestra disposición. Un aviso para Samuel y Diana, vuestra madre desea contactar con vosotros. Si me estáis escuchando, llamadme o escribidme. Tened felices sueños.

Maya cerró al micrófono y se despidió de los espíritus que estaban rodeándola, o más bien, los invitó a irse. Tenían tendencia a quedarse y hablarle hasta que se ponía seria y debía poner algún tipo de remedio para echarlos. Eran muy insistentes, pero desde el principio, desde que era pequeña y tuvo una experiencia horrible, había tomado por norma no intervenir a menos de que los familiares quisieran contactarla o fuera un caso especial. Así que ellos tendrían que esperar, claro que, tenían toda la eternidad.

Acarició a su gato que había entrado en el despacho una vez que se fueron los espíritus. Para Salem no era agradable lidiar con ellos, y normalmente cuando comenzaba el programa se escondía debajo de las sábanas de la cama de su dormitorio.

Realizó el ritual de limpieza que le había aconsejado su amiga Johanna y todos se fueron retirando. La noche estaba muy tranquila y la temperatura era muy agradable para ser septiembre. Abrió las ventanas de par en par para que entrase la brisa fresca. Su melena castaña se sostenía enmarañada en un moño en lo alto de su cabeza. Se frotó los ojos pesados. Esperaba dormir hoy mejor. Johanna, una de las pocas personas con la que hablaba de estos temas y que conocía la verdadera identidad de Maya, le había dicho que se acercaban a una fecha muy especial, donde se abría un portal a otra dimensión. Si le hubieran dicho hace unos años cosas así, se lo hubiera tomado a broma, o que era parte de la loca de su amiga. Pero claro, ella lo había visto con sus propios ojos.

Había visto como las nubes se arremolinaban hacia la oscuridad, las almas vagando por la ciudad y presentándose en su casa. Su amiga le había dicho que, desde que había aceptado su don, hacía ya varios años, era como un faro en la oscuridad del mar, y que los atraía como las polillas. Al principio, enfermó. Ellos le absorbían la energía, pero gracias a Johanna, pudo solucionarlo.

Aunque su padre había pasado al otro lado, de vez en cuando la visitaba por lo que no se sentía tan sola. Se mostraba arrepentido de no haber confiado en ella cuando era pequeña y decía que tenía amigos invisibles. Suponía que fue un shock para ellos.

Nadie cercano en la familia tenía esa habilidad, aunque su madre la aceptaba, y al final, cuando los dones volvieron después de un accidente que tuvo a los diecisiete y en el que casi murió, logró llegar a un entendimiento con su vida y sus dones.

Esa etapa fue muy dura. De adolescente había cerrado su mente a ver. Al estar tan cerca de la muerte, las barreras que había creado se desvanecieron. Toda la información le vino a la vez.

Perdió casi veinte kilos y se pasó ingresada en un hospital durante seis meses. A punto estuvieron de internarla en un centro siquiátrico. Ahora sabía que el hospital es el peor lugar del mundo cuando eres capaz de ver espíritus, pues allí rondan cientos de ellos, confusos, enfadados o tristes, y eso fue terrible para ella.

Su madre aguantó y fue quien le salvó la vida. Ella y Johanna, por supuesto. Nadie sabía lo que le ocurría hasta que en la cama de al lado del hospital fue ingresada una niña de unos cinco años, con su madre, Johanna.

Johanna era una mujer haitiana que vino a España a trabajar con su esposo. Ella era peluquera, pero tenía ciertos dones heredados de su abuela. Se dedicaba a preparar rituales de magia blanca y ganaba más que con la peluquería.  Fue ella la que supo que todos los males de Maya eran por ser médium y psíquica. La ayudó a protegerse haciendo un ritual cada día al despertar y poco a poco, fue mejorando. Desde entonces, eran inseparables.

Maya cerró la ventana y se fue para la cocina, tomó un par de pastillas para dormir, esperando que la sumieran en un sueño profundo y sin pesadillas, se lavó los dientes y la cara, y se acostó.

 

Capítulo 2. Corre, corre

El joven echó a correr entre los árboles, sin saber muy bien por dónde ir. El parque estaba bastante oscuro. Por algún motivo no había farolas y tampoco había nadie a quien pedir ayuda. Se escondió aterrorizado detrás de unos arbustos, esperando que él no lo encontrara. ¿Por qué había aceptado hacerlo, si no le daba buena espina? Su abuela le decía que se fiara de su intuición, pero la ambición le perdió y ahora estaba en problemas.

Escuchó un ruido a su izquierda y aguantó la respiración todo lo que pudo hasta que el ruido cesó. Parecía que se había ido. Esperó dos minutos más. Él nunca podría con el tipo, debido a su delgadez, así que había optado por huir.

Se levantó despacio y salió de su escondite mirando a todas partes. Menos mal, no había nadie.

Comenzó a caminar hacia la salida del parque y ya casi estaba en la calle principal, donde sí había luz, cuando un fuerte golpe en la cabeza lo tiró al suelo.

Se dio cuenta de que eran sus últimos instantes en la vida así que formó una letra con sus dedos y esperó el golpe final.

Maya se despertó gritando y Salem saltó de la cama al suelo maullando. Ella se agarró el corazón que palpitaba desbocado. Se volvió hacia el gato, como si pudiera entenderla.

—Salem, he visto un asesinato, o eso creo.

Estaba sudorosa y pálida. Salió de la cama y abrió el ordenador. Siempre que tenía una visión así la colgaba en su chat, por si servía. No iba a colaborar con la policía ni con nadie porque no confiaba en ellos. Pero tampoco quería dejar el hecho sin comunicar. Así que su vecino, que solía entrar en la Deep o Dark web para pequeños trapicheos, le había preparado un lugar indetectable y nadie, ni policías ni periodistas podrían averiguar quién era.

Se metió en su servidor y abrió el canal del chat. Describió casi todo lo que había visto y escuchado y cerró el ordenador. Las cuatro menos cuarto de la mañana. Una hora en la que las almas hacían el tránsito hacia el siguiente lugar, y desde la que normalmente ya dejaba de dormir. Había demasiada energía rondándola, así que desistió.

Se dio una ducha, se puso los vaqueros y una camiseta y se maquilló ligeramente. Se dejó el cabello húmedo suelto y desayunó unos cereales. De todas formas, en dos horas entraba a trabajar en la cafetería de su hermano.

 

Capítulo 3. Un nuevo caso

—Treinta y ocho años, se llamaba Jorge Fernando, pero todo el mundo le conocía por Zadquiel. Se dedicaba a leer el futuro a todos los que pasaban por la plaza de los Sitios y también por la plaza de los Cañones, justo en el centro de la ciudad. Y vendía prospectos con el horóscopo. Buscaremos si tenía problemas económicos. Estaba fichado por trapicheo de drogas, hace unos diez años —el inspector le hizo un resumen a una de sus compañeras, que acababa de llegar a la escena del crimen.

—Gracias, Francesco, y siento llegar tarde. Tuve que avisar a una vecina para que viniera a cuidar a Pablo.

—No pasa nada. Ha sido asesinado por dos fuertes golpes en la cabeza.

—¿Qué es eso? —Cristina se acercó al cadáver que ya había sido fotografiado por desde todos los ángulos.

—Parece un ocho o una letra ge, no estoy seguro.

Cristina observó el cadáver. Era un tipo delgado, vestido con unos vaqueros y una camiseta oscura. Era calvo o al menos no parecía que hubiera mucho pelo entre su cráneo destrozado.

—¿Quién lo encontró? —preguntó ella mirando alrededor.

—Una chica que estaba aquí, con un hombre, digamos su acompañante, por no decir cliente. Buscaban un lugar apartado y se encontraron con esto. El tipo huyó y ella no sabe quién era, pero llamó a la policía. Tampoco vio nada y Julia dice que el asesinato fue sobre alrededor de las cuatro.

—De acuerdo. Esperaremos a que Julia nos diga algo. ¿Coches, huellas? —preguntó Cristina.

—Nada. Es un parque muy transitado durante el día así que será complicado, pero ya están mirando.

El equipo de la científica terminó de realizar las fotos y recogieron la piedra con la que parecía que le habían abierto la cabeza.

—¿Cuándo vuelve tu marido? —le preguntó Francesco a Cristina. La mujer parecía agotada. Aunque solo era dos años menor que él, parecía que tuviera cinco más.

—La misión acaba en junio. Tengo muchas ganas de volver a verlo y Pablo todavía más.

—Claro. Es normal. Pero tienes que descansar más, tienes mala cara.

—Sí claro, ya les diremos a los asesinos que lo hagan en horario de oficina —bufó ella.

Francesco le sonrió y se dirigió al coche. Él tampoco estaba pasando por sus mejores momentos. Después de la pérdida de su esposa hace tres años de la que comenzaba a recuperarse, su madre había fallecido y su padre estaba tan deprimido que había tenido que ingresarlo en una residencia, para que lo tuvieran constantemente vigilado, a pesar de que solo tenía setenta años.

Con treinta y seis años, Francesco Bursatti era un hombre de pocas palabras, dedicado a su oficio, y aunque de padre italiano, había nacido en España. Su padre, policía de la Interpol, se había dedicado durante la postguerra a vigilar a terroristas, e incluso recibió una medalla. Y él siguió sus pasos en la policía, aunque con una trayectoria de lo más normal. No le importaba, se sentía feliz de ejercer de policía, y en una ciudad pequeña como Zaragoza, no había casos demasiado mediáticos, lo que le hizo poder llevar una vida más o menos normal, hasta que ocurrió lo de Nora. Si era sincero consigo mismo, estaban a punto de separarse. A ella no le satisfacía vivir en una ciudad pequeña o que su esposo fuera un simple inspector.  No la culpaba, si había ascendido, era por el tiempo y por el estudio, no por grandes hazañas. Tampoco es que creyera que pudiera hacerlo. Su vida era muy sencilla. Le gustaba la fotografía, el cine, leer y poco más. A ella le gustaba salir mucho, era relaciones públicas de un complejo hotelero y su vida era más bien nocturna. Poco a poco se fueron distanciando, hasta que la relación llegó a su punto final.

Se echó hacia atrás su cabello oscuro y encendió un cigarrillo mientras esperaba a Cristina. La iba a acercar a la oficina ya que había llegado en taxi. Estaba hablando con Julia, la jefa del equipo forense y amiga desde hace años.

Poco más pudieron averiguar de la muerte del tal Zadquiel, al menos durante esa mañana. Por la tarde se acercarían a las zonas donde se solían mover. Mientras tanto, tenían otro caso de asesinato sin resolver de una mujer que había sido atracada en su propia casa. Sin pistas ni la puerta forzada, suponían que la mujer había dejado entrar a su asesino o asesina. Al parecer se dedicaba a leer las cartas del tarot en su tiempo libre. Era una señora de sesenta y ocho años, jubilada y con gusto por los temas esotéricos. Habían revuelto toda su casa y según su hija, se llevaron varias joyas. Todavía no sabían nada del tema. El asesinato había sido muy sucio pues le habían rebanado la garganta y la mujer había muerto desangrada. Se montaron en silencio en el coche y enseguida llegaron al aparcamiento.

Para ser una ciudad tranquila, habían tenido dos crímenes en la zona centro, que les correspondía a ellos. Dejó su chaqueta en la silla y encendió el ordenador para recuperar los nuevos informes. El aparato gruñó y comenzó a cargarse. Resopló esperando el lento inicio y deseando encenderse otro cigarro. Desde que se había prohibido fumar en los centros de trabajo, se había aficionado a comer chicle, pero hoy se le habían acabado.

Siguió mirando en el ordenador algún tipo de relación con atracadores que asesinaban a sus víctimas, y sacó algunos nombres. Su instinto le decía que no iba por ahí el tema.

—Ey, jefe —la informática, Seven, se acercó a su mesa. Era una chica de unos veinticinco años, recién salida de la academia y con una gran formación en ordenadores, así que la habían captado para suplir las carencias del resto de compañeros.

—Dime, Seven. ¿Has encontrado algo?

—Te va a encantar. A las 3:45 de la madrugada en una web de una médium se hizo público una descripción de tu asesinato. Del asesinato del parque, quiero decir —la chica se mordió su trenza rubia nerviosa.

—A ver, enséñamelo. Tal vez sea algo similar, no igual.

—Bueno, tú léelo, jefe. Por lo que he visto en el informe, es mucha casualidad.

Francesco abrió el enlace que le envió Seven. La web era «Habla con Alma», un programa radiofónico donde la gente llamaba para hablar con sus fallecidos. También había mensajes en el blog, como si fueran recados.  Como no cobraba nada, nadie la había denunciado y, de hecho, los mensajes positivos eran muchos. Recibía muchas peticiones a través del foro y por lo que estaba viendo no dejaba ni uno sin contestar, aunque fuera en un par de días. Por eso, tenía visitas de todo el mundo, millones de ellas, aunque no las usaba para monetizar la página. Sí tenía un botón de donaciones de un euro en el lateral. Algo voluntario, al parecer.

*****

Y hasta aquí puedo poner…. si te apetece seguir leyendo, te dejo los enlaces:

Si quieres leer la historia de Habla con Alma,  un thriller sobrenatural en el que la protagonista es una médium, te dejo enlaces para que disfrutes.

Recuerda que es una historia de ficción aunque tenga hechos que se acercan a la realidad del proceso de ser médium

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