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Mal comienzo…

 

El soldado pensó que dentro de poco iba a morir, y realmente no le importaba, porque después de tanto sufrimiento, tantas semanas soportando torturas que no muchos hubieran superado, le iban a cortar el cuello como al anterior rehén. Sin saber quién era, pero sí que era alguien de su equipo… lloraba en silencio por él o ella, pero no por sí mismo, pues su agotamiento era tal que solo quería acabar de una vez.

Estaba agazapado en un rincón, sucio, solo vestido con el resto de sus pantalones, la barba y el pelo enmarañados, y enflaquecido por el hambre y la desesperación. Se acordaba de sus padres, lo mal que lo estarían pasando, y de sus amigos, incluso se llegó a acordar de ella, de lo mucho que le hizo sufrir, aunque nada comparable con la tortura física y mental a la que estaba sometido ahora….

Suspiró y volvió a mirar el habitáculo donde estaba encerrado desde hace tantos días, que incluso a él, que era de las Fuerzas Especiales, la había resultado imposible escapar. Días enteros sin dormir, palizas, ausencia de luz, de comida, de agua… estaban ya acabando con las pocas fuerzas que le quedaban. Ni siquiera encontraba sentido a seguir resistiendo. Si no hubiera sido por su entrenamiento militar, hace días que hubiera muerto.

Cuando ya lo veía todo perdido, llegó la Luz. Una luz en forma de 120 kilos de carne y huesos. Casi no era consciente de todo lo que pasaba a su alrededor. Escuchó voces, incluso alguna conocida, disparos, y al final, silencio. Se vio levantado del suelo y después que comprobaran que seguía vivo, escuchó, Jeff, nos vamos a casa, y al final, perdió el conocimiento.

El rescate había sido complicado, duro, un par de compañeros salieron heridos, pero consiguieron hacer lo que él había hecho durante estos años, rescatar a los prisioneros de los terroristas por los que habían sido capturados. Solo que la última vez, había sido él el capturado. Algo había fallado, y a pesar de estar infiltrado desde hace varios meses, los terroristas habían recibido una información que había hecho que le condenaran a morir, tras semanas de tortura para sacarle más información. Información que no dio, incluso cuando casi le mataron.  Herido por todo su cuerpo, se sentía desfallecido, pero al estar intubado, comenzaba a recobrar alguna fuerza.

-Qué mala pinta tiene- susurraba Al a su compañero Erles

El cubano asentía y se lamentaba de que en casi 5 semanas que había estado prisionero, su jefe había perdido más de diez kilos y mucha fuerza y masa muscular. Herido, con fracturas mal cerradas, tendría que recuperarse antes de pasar por quirófano. Incluso le habían arrancado parte de piel en el pecho… Una lástima. Y lo peor no eran las heridas físicas, sino las pesadillas, el maltrato psicológico, que ponía en duda si en algún momento podría recuperarse.

Tras cuatro semanas de estar en la cama y varias operaciones, por fin, Jeff se levantó con cierta dificultad a mirar por la ventana. Hacía frío para ser julio, pensó…o lo tenía él.

Se acababan de ir los chicos, contentos de verlo despierto. Sus padres todavía estaban en España. Pero no tardarían en volver a casa, a su trabajo, su hermana, que afortunadamente debido a su discapacidad, no se había enterado, no había sufrido… mejor, ya estaba cansado de tener gente a su alrededor.

Si, había estado a punto de morir, pero siempre lo estaba. Siempre había un riesgo. Lo peor era la expresión que tenían todos de pena sobre él. Eso no lo soportaba. Hasta el general Fernández le había mirado con esa cara. Como si nunca se fuera a recuperar de todo lo que había pasado. Como si estuviera ya fuera de servicio. Todavía estaba allí… ¡sólo tenía 32 años!

La psicóloga que le habían asignado no lo trataba con pena, afortunadamente. Después de unos días más de rehabilitación, ya se encontraba bien físicamente, solo persistía una leve cojera que desaparecería en breve.

La doctora en sus obligatorias visitas semanales, le había insistido que practicara alguna afición para distraerse.  Pero él ya no tenía ninguna afición. Su única idea era volver cuanto antes, pero había perdido mucho peso y masa muscular. Primero era ponerse en forma… aunque la verdad no tenía muchas ganas de nada. No todavía. No quería aparecer por el gimnasio, ni dar pena.

La psicóloga, una mujer madura y comprensiva le aconsejó varias opciones.

En la última visita lo hablaron.

-Jeff, tienes que decidirte por una de ellas. Te ayudará a tu recuperación mental y física

-¿Cómo me va a ayudar jugar al golf o bailar? – la verdad que no tenía ninguna gana

-Sé que no te apetece jugar al golf porque te encontrarás a tus compañeros, pero mira, se me ocurre. Yo conozco a un profesor de baile. Tiene una academia, y da clases a grupos, pero también clases particulares, en tu caso, claro, con profesora. Estuviste destinado en Cuba varios años y se que sabes algo de baile latino. ¿por qué no echas un vistazo?

-¿No puedes darme el alta y ya se pasará todo?- insistió Jeff

-Sabes que no. – contestó la doctora- Pero si te apuntas unos meses a clases de baile, te prometo que aceleraré tu alta lo máximo posible.

Jeff suspiró. Aquellos días en Cuba… aprendió a bailar un poco, pero sólo porque quería ligar con una cantante preciosa, con largas piernas y ojos verdes… pero bailar, ahora, no creo que pudiera.

-Jeff- insistió la doctora- prueba, y en un mes hablamos, tal vez te permita incorporarte a tareas administrativas en un par de semanas… te hará bien. Otros pacientes que he enviado a bailar se han recuperado mucho antes. ¿No es eso lo que quieres?

-Está bien-suspiró Jeff- supongo que no será tan malo bailar con alguna abuelita, será como bailar con mi madre.

 

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amor incondicional