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Las calles resbalaban como una bañera mojada, así que no me apresuré para alcanzar el tranvía, que ya comenzaba a salir de la parada, como riéndose de mi poca habilidad para caminar con botas de tacón en el suelo mojado por la lluvia.

No hay problema- pensé- voy bien de tiempo, como siempre, así que crucé la calle con cuidado y esperé los minutos correspondientes.

Las puertas del vagón se abrieron y entré rápidamente, posicionándome rápido en una de las esquinas protegida entre las barras. Así no sería aplastada por la marabunta de estudiantes, que dormidos y cargados con sus abultadas mochilas, entraban en tropel.

Pronto el tranvía se fue llenando. Cada vez que se abrían las puertas en una parada, se completaban sus imposibles huecos.

Desde mi posición esquinada, observaba a los que iban entrando. Entraron dos chicas jóvenes, de unos veinte años. Una de ellas era una pálida rubia, con el pelo largo y suelto y un piercing en la nariz. Era bonita, y tenía cara de sueño, como si se hubiese levantado hace poco. Sus ojos miraban soñadoramente a su compañera, y de vez en cuando le susurraba algo al oído.

La compañera se veía tímida, con la cabeza baja, esperando quizá las confidencias de su amiga. Algo más alta, y de pelo largo pero morena, sonreía tímidamente, cuando la rubia la besó en la mejilla.

Nadie fue consciente del delicado beso. Solo yo. Y me sentí afortunada del despertar del amor a las ocho de la mañana.

(Relato corto para un curso de Escritura)

La imagen está tomada de Internet, no he podido encontrar a la autora para darle el crédito. Si eres tu, no dudes en enviarme un email  a anneaband@gmail.com

Gracias!