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Las bombas caían indiscriminadamente por todo el centro de Londres, como casi todos los días desde septiembre. Kate corría a esconderse no sabía dónde junto con más personas que no habían tenido el tiempo de entrar en los refugios antiaéreos.

Sólo por ir a ver si su hermano le había escrito. Y de nuevo, no había sido así.

En la comandancia le tenían cariño incluso alguno de los soldados que estaban allí intentaban tener una cita con ella. Kate les rechazaba amablemente. Aunque ya tenía diecisiete años, no deseaba tener novio. Sólo quería que acabase la guerra y volver junto con su hermano a la granja.

Se escondió tras una pared mientras una bomba derrumbó una casa cercana.

Aún recordaba cuando juntos corrían de la mano, a través del maíz creciendo… los campos verdes se extendían alrededor de la granja de sus padres, y su perro Percy ladraba alegremente cuando veía a los niños correr, desde el pequeño riachuelo que atravesaba la granja hasta el árbol donde una rueda atada servía de columpio para Kate. Su hermano James disfrutaba empujándola mientras ella reía a carcajadas.

Otra bomba cayó cerca, la pared de la casa donde ella se había refugiado se tambaleó. Cayeron algunos escombros que la dejaron oculta. Por suerte una viga la salvó de ser aplastada.

-¡Socorro! -gritó desesperada, sabiendo que con el ruido de las bombas y de las sirenas, nadie le iba a escuchar.

Siguió gritando, hasta dejarse la voz. Empezó a escarbar ahora que ya el bombardeo había cesado. Consiguió quitar algunos pedazos pequeños de pared y sacar una mano, como una bandera que no volaba. De repente, una fuerte mano agarró la suya. Era cálida y firme. La apretó para darle a conocer que estaba viva y él se soltó.

-Te voy a sacar de aquí -le dijo

Comenzó a escarbar y a quitar hasta que quedó un pequeño hueco. Kate sabía que podría salir por allí, tan delgada que estaba por falta de una correcta alimentación, que parecía una niña de quince años.

Sacó sus dos brazos para intentar salir, y otras manos la agarraron fuertemente, impulsándola hacia afuera.

Cuando salió, vio a un piloto de la RAF, como su hermano. pero con una bandera extraña cosida en el brazo, australiana. Llevaba una venda en la cabeza que había comenzado a sangrar, seguramente por el esfuerzo.

-Hola, soy Tom, -dijo cuando terminó de sacarla

-Yo Kate, muchas gracias por ayudarme… pensé que nadie me había oído.

***

La anciana miró a sus nietos columpiarse en la rueda del árbol. Aún recordaba cuando vio por primera vez a su querido y amado Tom.

***

El piloto dio una última mirada a la foto de su amada antes de desaparecer engullido por el mar.

***

Kate recibió la noticia en el refugio. “Gracias por darme el mejor regalo de mi vida”, lloró acariciando su vientre ligeramente abultado.

 

 

Fotografía del artículo:
De Arthur Pardey – Esta imagen está disponible en la Base de datos del Australian War Memorial bajo el número de identificación: P05264.006Esta etiqueta no indica el estado de copyright de la obra adjunta. Es necesaria una etiqueta normal de copyright. Véase Commons:Licencias para más información.Български | English | Español | Français | हिन्दी | Македонски | Português | +/−, Dominio público, Enlace