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Hoy pierdo mi virginidad, y lo demostraré, demostraré que no tengo miedo y que soy una mujer adulta.

Mis amigas se reían siempre de que todavía a mis 23 años era virgen cuando ellas se habían acostado con unos cuantos incluso una de ellas ya estaba embarazada… pero no me sentía segura ni siquiera para besar a un hombre, no en serio nunca lo había hecho. Pero cuando llegué a Madrid desde el pueblecito costero cerca de Valencia, de donde vivía pensé que parecería una niña tonta si en algún momento  alguien se enteraba que todavía no había estado con ningún tío.

Así que esa noche que había quedado con la prima de mi amiga, Ana, que vivía en Madrid para presentarme a sus amigos y conocer el ambiente,  me decidí. Me decidí a acostarme con el primer tío bueno que se fijase en mi. Creo que no sería difícil ligar con alguno, yo no estaba mal, sin ser algo espectacular.

Morenita de piel y de pelo, lo que hacía destacar mis ojos de color miel que matizaban mi aspecto algo agitanado., dicen que tuve una abuela gitana de la que se enamoró perdidamente mi abuelo y se escaparon… bueno una historia muy romántica.

Y de ahí heredé esos genes, mi pelo rizado y negro y el cuerpo lleno de curvas que intento disimular con ropa ancha, pues ya me ha traído algún problema con los  hombres. Mejor esconderse, trae menos complicaciones.

Así que ahí estaba en el pub de turno con Ana que ya se había enrollado con un tío y me había dejado colgada, bebiendo martini tras martini, para darme ánimo para hacer lo que había venido decidida a hacer. Además todavía tenía la habitación del hostal alquilada hasta mañana, con lo cual, no había problema de sitio. El problema sería elegir el hombre adecuado…

Seguía mirando alrededor del bar, pero como era pronto, no había mucho ambiente, aunque si que Ana había encontrado un rincón y un tío con el que darse el lote, solo había un grupo de ejecutivos de mediana edad que claro no me quitaban los ojos de encima, y otro grupo de parejas. Y la verdad que mi primer tío fuera un salido, posiblemente casado y más probablemente borracho, no me apetecía nada.

Me había puesto un vestido ajustado para la ocasión; si quieres pescar, tienes que poner cebo, y aunque era azul oscuro, me marcaba bastante bien las curvas. Y eso que estaba en un rincón, apartada, intentando no llamar la atención de momento, pero claro la melena rizada y la piel dorada, o eso me decían, había hecho que dos moscones maduritos se acercasen a probar suerte.

En esos momentos todavía estaba Ana y los echó. Ella sabia mis planes, y me miraba raro, ya lo sabía yo , por ser virgen, y me decía que la primera vez tenía que ser memorable. Que eso nunca se olvida. Aunque ella perdió la virginidad a los 16 y casi ni se enteró.

 

Ya estaba decidida a marcharme cuando vi entrar a a otro grupo que se reunió con los ejecutivos. Con ellos entraron varios chicos que estaban muy bien, cualquier de ellos me serviría. Pensé. Aunque había uno que me llamaba más la atención, alto, fuerte, de hombros anchos, con una camisa blanca remangada y unos vaqueros algo bajos y deshilachados. Parecía algo más mayor que yo pero  no mucho. Parecía limpio, y quizá iba un poco  bebido pero no mucho. Si me he de acostar con alguien, al menos que  sea limpio y que tenga buenas pintas. Tan fijamente lo estaba mirando que lo debió notar o alguien se lo dijo, porque se volvió y me miró a los ojos. Y me sonrió ligeramente.