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La joven entró en la habitación con todas sus herramientas. Encendió las velas y las fue poniendo una en cada esquina, para los puntos cardinales, y la quinta en el centro.

Una corriente de aire salida de la nada amenazaba con apagarlas.

–No podrás conmigo –murmuró la bruja mientras cerraba la puerta

Hizo sus cánticos preliminares y comenzó el exorcismo. Una figura encapuchada apareció lentamente de entre las sombras.

Ella le miró de soslayo. Parecía un monje medieval, alto, delgado, tenebroso… sintió cierta desazón, pero no podía hacerlo ver.

Recitó la oración correspondiente en latín mientras el monje se acercaba. Una segunda sombra apareció a su izquierda.

Comenzó a recitar con más fuerza, con más energía. Tomo el agua bendita preparada por ella, que llevaba en un frasco y comenzó a rociar fuera del círculo trazado con sal.

La segunda sombra desapareció, y la figura dej monje se quedó parada. Mirándola fijamente, sin poder evitarlo, Elena se perdió en su mirada. Fue lo peor que pudo hacer.

Dos brasas encendidas la estaban consumiendo. Elías, que esperaba fuera, sintió su debilidad y entró violentamente en la sala, justo a tiempo de recoger a su hermana gemela, que caía desvanecida tras sufrir el ataque del demonio al que habían venido a exorcizar.

La sala instantáneamente recobró la luz una vez que el demonio se había retirado a las sombras.

Elías abrazó a su hermana para pasarle parte de su fuerza y su calor.

Comenzó a despertarse y le miró, todavía confusa.

–¿Qué ha pasado? ¿Se ha ido ? –preguntó débilmente

–Te dije que no debías entrar sola –le recordó dulcemente su hermano –es demasiado fuerte. Por eso lleva más de cien años escondido aquí.

–Le miré a los ojos, Elías, y era él, era nuestro antepasado –sollozó Elena –y me reconoció. Quiso llevarme con él….

–Ahora tranquila –dijo Elias acariciando su cabello suelto –descansa y recupérate. Mañana volveremos, pero esta vez, entraremos los dos.

Elías ayudó a Elena a incorporarse. Mientras recogía las velas que ella había puesto, ella miró a su espalda. Y sus ojos cambiaron por un instante a ser dos brasas rojas.