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–¿Sabes qué tontería se me había ocurrido? –comencé con mi voz algo pastosa –que habías venido a casa para sonsacarme –reí tontamente mientras el inspector se quedaba algo serio.

–Bueno para ser sincero… al principio lo pensé, pero ya se me había olvidado todo, el trabajo, el caso, en el momento que hemos empezado a charlar –terminó mientras acariciaba mi mano

Me sentí halagada y también un poco nerviosa. Si todavía creía que yo había tomado parte, tenía que tener cuidado. No porque fuera culpable, sino porque pudiera atribuirme algo que no había hecho.

Yo entendía que el caso estaba complicado y al parecer no había encontrado nada. Eso si, quizá la pista de las fotos antiguas pudiera llevarle a algún camino.

Eran fotos de entre 1980 y 1985 el niño debía haber nacido sobre esos años, por lo que tendría unos 20 o 25 años. Nos tomamos un café para serenarnos un poco pues el vino nos había afectado un poco.

No había marcas, ciudades, pero si que en la foto que estaban la pareja joven apoyados en un coche. Podía ser algo por lo que empezar. Pero no sabíamos si llegaría a algo.

El pen drive estaba pendiente de que lo desencriptasen. Y las notas no eran sino una copia de las investigaciones que el profesor había estado realizando estos últimos años. Incluidas las últimas de hace poco. La última anotación es de unos diez días antes de su muerte.

En cuanto al bebé no había fechas ni anotaciones. En una esquina había un corazón pequeño dibujado a lápiz.

De repente me vino a la cabeza una palabra. ¡insulina!

Quizá fuera la clave…

Por probar no costaba nada, así que abrimos mi portátil e insertamos el pen drive. Nos pidió la contraseña y probamos. Insulina. Nuestra decepción fue muy grande.

Seguí pensando… tal vez… probé con otra palabra, y de repente empezaron a abrirse carpetas.

–¿Qué palabra has usado? –preguntó curioso el inspector

–Ángela, –contesté

Y nos quedamos mirando y a continuación, comenzamos a abrir carpetas