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Las siguientes citas no les produjeron ningún avance tampoco. Todos los tipos tenían coartada, y además no se habían acostado con Laura.
Quedaba todavía por asegurarse de que era el primer tipo con el que se acostó Laura, pero tenía coartada igualmente… así que estaban en un punto muerto.

La hermana de Laura Meléndez había venido a enterrar a su hermana  y había tomado posesión de sus cosas. El piso era alquilado y las cosas personales de su hermana las teníamos en la oficina, así que de momento, pudo disponer del piso.

No nos dijo nada especial. Laura tenía 38 años, y tuvo una juventud un tanto alocada, incluso se quedó embarazada aunque perdió el niño por lo visto. Su hermana, que no tenía mucho contacto con ella, se enteró hace unos cinco años, cuando se le escapó por casualidad.

  • Siempre fue muy reservada- les contó su hermana, dos años mayor que ella. – Cuando cumplió los 18 se fue de casa con un novio que tuvo entonces, creemos que mayor que ella. Y nos dio la impresión que estaba casado. Pero nunca nos contó nada.
  • ¿Y no supieron quién era el hombre?- preguntó Paula
  • No, que va- contestó la hermana moviendo la cabeza.- pero duraron menos de un año. Y luego ella vino a Zaragoza a vivir, y estuvo estudiando cocina y trabajando. Ni siquiera nos veíamos para Navidades, y casi ni nos llamábamos…-sollozó la hermana- cuánto me arrepiento… y la pobre, morir así

Su hijo, de unos veinte años, la abrazó y la consoló como pudo. Y se retiraron pues se volvían al día siguiente a Salamanca. El resto de las cosas se las enviaríamos por correo.

Todavía no habíamos acabado de examinar todo. Había muchas carpetas y media docena de libretas. Algunas eran recetas de cocina. Pero andábamos escasos de personal, por el puente de diciembre, y lo postergamos a la tarde del miércoles.

El miércoles por la mañana, sin embargo, se produjo un avance.

Uno de los inspectores de la comisaría había recibido un móvil que alguien se había encontrado en la calle. Como estaba desbloqueado, echó un vistazo a las fotografías para ver si encontraba algún identificativo, al igual que a mensajes y contactos. Y se encontró que era el teléfono de la mujer asesinada.

Nos trajo el teléfono, que estaba mojado y echo una pena, pero todavía encendía. Bajamos la tarjeta a los informáticos para que intentaran recuperar toda la información posible.

Allí vimos varias cosas que nos llamaron la atención. Una de ellas fue la cantidad de fotos de Adrián (lo estaba vigilando por lo visto), con su esposa, con su hija, en el parque, en un restaurante.

Tendríamos que llamar de nuevo a Adrián a la comisaría para preguntarle por qué la asesinada estaba vigilándole.

En cuanto a las llamadas, no había nada especial. Al menos nada reciente. Un par de mensajes insultantes del tal Fernando Gutierrez pero poco más.

Mejor hablarían con el tal Adrián, incluso con su esposa  y su hija. Y si se enteraban que su marido era infiel, mejor, pensó Paula.

Al día siguiente, acudió solo a la comisaría.

No le gustó a Paula, pero de momento, podría arreglarse.