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Paula se fue a casa a darse una ducha y a cambiarse y le dijo a niñera que se quedase esa noche a dormir. Le iba a salir por un buen pico… y además no son gastos que pudieran ser justificados. Pero bueno, la única forma de quedar con estos tíos era de noche y casi mejor. No quería que nadie la viese.

A las 10 acudió al bar donde habían quedado. Era un sitio céntrico, en el Coso, “La Bendita” se llamaba, un precioso y chic café que siempre le había gustado. Con sillas y mesas dispares, y decoraciones algo vintage, hacían que se sintiera cómoda y a gusto.

Habían quedado en la barra, porque, aunque se habían visto en la foto, seguramente no era lo mismo.

La foto de Paula era de hace un par de años, cuando era feliz, estaba casada y la vida le sonreía. De entonces ahora muchas cosas habían pasado. Su divorcio, el accidente de su hermano, y la discusión con su amiga la inspectora Ana Martínez. Sabía que había sido muy dura con ella cuando pasó lo de su hermano… pero no lo pudo evitar. Simplemente, no pudo.

Nacho había acudido antes al bar para vigilar al tipo con el que había quedado Paula. Además se había alegrado tanto cuando ella le dijo que no salía con nadie, que tenía una sensación de casi-propiedad sobre ella. Y no quería que le pasase nada, por supuesto.

Ella no le miró al entrar y aunque era parte de lo acordado, se sintió algo decepcionado.

Paula pidió un zumo de melocotón y esperó. A los cinco minutos, se acercó un tipo, mirándola y apreciando su físico. Lo cierto es que se había dejado el pelo castaño suelto y caía lacio sobre su espalda. Además, era alta y estaba bastante delgada, pero en forma atlética, lo que con sus vaqueros ajustados se realzaba más todavía.

La inspectora observó al tipo con ojo clínico. Era de unos cuarenta y muchos, sino cincuenta y pocos, con lo cual le había mentido o se conservaba muy mal. Tenía alguna entrada en su pelo moreno, pero en líneas generales, era agradable y venía bien vestido. Aunque no tenía pinta de asesino, le veía como “blando de carácter”. Eso si, era alto y posiblemente tuviese fuerza.

  • Hola Paula, – se presentó mientras se acercaba para darle dos besos- soy Adrián.
  • Hola Adrián -sonrió Paula- encantada de conocerte. ¿nos sentamos?

Ambos se sentaron en una de las mesas redondas bajo la atenta mirada de  Nacho. Y comenzaron a llevar una conversación bastante distendida.

El tipo parecía agradable, no muy inteligente, trabajaba como agente inmobiliario, por ello su charla inagotable de vendedor, en este caso, vendiéndose a si mismo.

Paula quería preguntarle sobre la asesinada. Aunque el hombre casi no le dejaba hablar y cuando le preguntó si solía quedar con otras mujeres de la web, desvió el tema de forma descarada.

Así que no le quedó otro remedio que descubrirse. En el bolso tenía la grabadora puesta por si acaso aunque no le serviría pues no estaba autorizada. Claro que el tipo no lo sabía.

  • Mira Adrián, te seré franca- comenzó mirándole a los ojos. – No soy secretaria de dirección, soy inspectora de policía y quiero hacerte unas preguntas
  • ¡Qué juego tan divertido!- dijo Adrián pensando que lo era.- ¿Me vas a esposar?

Paula resopló intentando armarse de paciencia.

  • No te voy a esposar, a menos que tengas que ver algo con lo que te voy a preguntar. ¿Tuviste una cita con Laura Meléndez?- le preguntó a bocajarro.
  • ¿Laura? Mmm no recuerdo- dijo Adrián posiblemente para ganar tiempo. Perlas de sudor caían por su frente, a pesar de que no hacía calor en el bar.
  • Mira esta foto- Dijo Paula enseñándole la foto de perfil de Laura.- ahora si la recuerdas, ¿verdad?
  • Si, la recuerdo. Suelo quedar con mujeres, no te lo voy a negar, pues tengo bastante éxito. ¿Está bien Laura? Quiero decir, no habrá desaparecido o algo así- preguntó algo temeroso
  • No, no ha desaparecido. Cuéntame cuándo quedaste con ella por favor.- dijo Paula intentando ser paciente
  • La semana pasada nos enviamos un mensaje, pero creo que ya no le interesaba. Quedamos hace diez días y me pareció atractiva. Pero quise quedar otra vez y me dijo que estaba saliendo ya con otro tío- dijo sinceramente Adrián- me pareció una chica fácil
  • Fácil en qué sentido- siguió pacientemente Paula aunque ya se estaba enfadando
  • En el sentido de que el primer día que quedamos, nos acostamos.
  • Ya, entonces tu también eres un chico fácil, no?- dijo Paula sin poder evitarlo
  • Claro, pero soy hombre- sonrió Adrían. – Y ya no la volví a ver.
  • Está bien. Otra pregunta. El viernes por la noche, ¿dónde estuviste?
  • No tengo nada que ocultar. Quedé con Virgo 70, bueno, se llama Verónica, y tengo su teléfono si lo quieres.
  • Si, dame su teléfono y el tuyo por favor. – dijo Paula apuntándolos.

Paula se levantaba de la mesa para marcharse.

  • Pero, ¿no seguimos con la cita?- dio Adrián
  • Lo siento, pero no eres mi tipo, eres demasiado fácil para mi. – Dijo Paula marchándose.

Nacho la siguió. Había escuchado casi toda la conversación. Estaban en un punto muerto

Así que esa misma noche, quedó con otro de los tipos. Esta vez, quedó el domingo a las 6 con uno, y a las 7 con otro. El último no le contestó.

  • Esto no se si funcionará, Nacho.- dijo Paula cansada
  • Mañana veremos. Hoy descansa. … por cierto, estás preciosa- dijo Nacho dándole un beso en la mejilla para despedirse