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La inspectora Torres y su compañero esperaron a que el tal Fernando, que se había desmayado del susto al identificarse como policías, se despertara.

La madre se había ido a la cocina, sin tan apenas hacerle caso, y los policías se miraban sin saber qué hacer.
En unos minutos, el hombre despertó.

Temblando, les dijo,
– ¡yo no he hecho nada!
– ¿A qué se refiere, señor?- le preguntó educadamente la inspectora.

El hombre la miró de soslayo sin saber qué contestar.
– Yo no he sido señora, -repitió con la costumbre de haberlo hecho alguna otra vez- sea lo que sea…

El inspector se preguntaba como una mujer se había podido fijar en este miserable. Todos los defectos que un hombre pudiera tener… se reunían en el mismo. Se veía sucio y desagradable, y no miraba de frente.

– Señor venimos a preguntarle por Laura Meléndez,- comenzó la inspectora
– Yo no he hecho nada- volvió a repetir, esta vez a la defensiva. – Solo fui a verla a su trabajo… un par de veces, ¿me ha denunciado la muy zorra? – preguntó de forma adusta
– No señor, no le ha denunciado, ¿qué relación tenía con ella? – preguntó seriamente la inspectora.
– Sea sincero señor, aconsejó el inspector. mirándolo estrictamente.
-si, yo salí con ella una vez… pero ya no quiso quedar más, dijo que éramos incompatibles… la muy estúpida, Yo soy el mejor partido que nunca pudo tener, pero prefirió quedar con otro. Lo vi, porque les seguí- contó del tirón- les seguí al restaurante y luego ella, la muy puta…
– ¡Basta! deje de insultarla o me veré en la obligación de detenerle- dijo enfadada la inspectora

El tipo pareció asustarse un poco. Se ve que no le gustaba la idea que se lo llevaran.

– Les decía que, ella, Laura, se lo llevó a su casa, y no salieron en muchas horas… yo me fui a casa.
– ¿Qué día fue eso? – preguntó el inspector
– La semana pasada, el viernes. El jueves ella decía que no podía quedar porque tenía que limpiar la cocina- contestó el tipo.

Es decir que él sabía que salía tarde el jueves. Pero según había dicho la doctora, el primer golpe fue fuerte y este tío tan delgado no tenía pinta. Pero no lo descartarían.

-¿Dónde estuvo usted ayer sobre las 11 de la noche?- preguntó el inspector
– Estuve…. estuve en un bar, limpiando. Trabajo limpiando un bar del centro, cuando cierran, a las 10 o así, voy y estoy hasta las 2 de la mañana, limpiando, con mi compañero Antonio, el cerillas.

El hombre no parecía tan tonto pues ya proporcionó una coartada.
Después de solicitarle el número de teléfono del tal Antonio y del dueño del bar, se fueron. Poco había que hablar más. Al menos hasta que comprobasen todo.

Se volvieron para el centro, Deberían encontrar el tipo que les había descrito el  hombre.  Primero investigarían entre las citas de Laura, por ver si coincidían con la descripción.

Si no encontraban nada allí, no tenían claro por dónde seguir.

Cuando llegaron a la oficina, la doctora les esperaba. Había hecho la autopsia a la mujer, pero fuera de los golpes en la cabeza no había nada que señalar.

EL primer golpe llegó, como os comenté de lejos, por el impacto y la forma en que dejó marca. El objeto era redondo y rugoso, la marca, de momento no la hemos reconocido…
Ese golpe  no la dejó inconsciente, pero cayó. El caso es que al caer, se deslizó.. y eso es porque seguramente iba con velocidad, quizá corriendo…

La doctora era joven pero muy experta. Y ese detalle seguramente les ayudaría, porque si huía de alguien, había un motivo.

– una vez que cayó al suelo, recibió un segundo golpe en la nuca, que la dejo medio inconsciente. Se había arrastrado por las marcas del suelo y finalmente, el asesino se ensañó. Con odio. Le dio al menos seis golpes con otro objeto, tipo mazo o similar, algo duro y metálico. Ella ya había muerto para entonces. Quien fuera, estaba muy furioso… o furiosa.

-¿Crees que pudiera haber sido una mujer también?- preguntó el inspector
– El primer golpe fue hecho con una especie de bola redonda, de unos 2 kilos, si hace falta fuerza, pero más puntería digamos. – dijo pensativa la doctora- Una mujer o un hombre de constitución mediana podrían hacerlo. Y los otros golpes, fueron con la mujer indefensa, así que cualquiera pudo hacerlo. -continuó la doctora.- Tampoco había huellas ni otras marcas definidas. Por esa calle pasa mucha gente.

– Gracias doctora, – contestó la inspectora distraída- avísenos si encuentra algo más.
– Por supuesto inspectora- le dijo la doctora- Esto es realmente extraño.

Bajaron a la sala donde estaban los jóvenes informáticos, quienes bajo su petición, habían preparado una lista de los hombres con quien se había citado en los últimos meses. Había cinco. Con uno ya habían hablado. Hablarían con los cuatro restantes.

Todos encajaban en la mala descripción del tipejo de la mañana, porque eran altos y fuertes. Así que los citarían a todos en la central.

El problema era que tenía seudónimo y no podrían localizarlos a menos que tuvieran una orden para intervenir en la página, con lo que podían tardar días.

Mientras lo comentaban, a Nacho se le ocurrió una idea.

– ¡Hazte un perfil y queda con ellos!- le dijo inspirado
– ¿estás tonto? Yo no me voy a hacer ningún perfil aquí- dijo indignada
– No me lo voy a hacer yo, que no vendrían. -dijo sonriendo Nacho
– Puede ser falso- protestó la inspectora
– Si la foto es falsa, no acuden. Vamos , anímate, a lo mejor encuentras pareja. ¿O ya tienes?- preguntó indiscretamente Nacho.
– No, no tengo. Pero bueno, lo haré.

Así que ambos se pusieron manos a la obra. Crearon un perfil falso pero con la foto real.
Y buscaron los hombres que habían quedado con la mujer asesinada.

A las dos horas, ya tenía la primera cita.