La niña de ojos verdes y pelo oscuro miraba con admiración cómo su preciosa hermana se subía sobre el escenario.

Se habían olvidado de ella, lo que le venía bien para descansar de esas dos “histéricas” como las llamaba su padre a solas. Su madre repetía las mismas frases que Eli estaba diciendo delante de todos esos señores que la miraban. Sus manos se retorcían nerviosas, Laura la miraba hipnóticamente. Su labio superior temblaba y se movía al compás. La voz de su hermana encajaba de forma precisa en sus gestos, y una película de sudor le cubría la cara, haciendo que su maquillaje se fuera deslizando por la mejilla. Ella no le iba a decir nada. La había subido encima de una mesa, sentada, para no perderla de vista, pero en el momento que Eli salió, ella se esfumó de su cabeza.

Se deslizó de la mesa saltando. A sus nueve años tenía las piernas muy largas y morenas, siempre llenas de cardenales por subirse a los árboles. Eli le decía que era un chimpancé, aunque le daba igual.

“Cuando sea famosa vendrás conmigo para llevarme las maletas, Laura”, era su cantinela favorita. Lo que no sabía su hermana era que la adoraba y que a pesar de las faenas que le hacía, la acompañaría donde fuera, incluso si tenía que llevarle las maletas.

La música sonó y dejó de pensar en todo, se puso a bailar sin que nadie la mirase, o eso creía.

Uno de los directivos de la agencia la vio.

-Hola nena, ¿quién es tu mamá?

Laura sonrió y señaló a su madre. El tipo se acercó mientras Eli acababa sus frases y se reunía con su madre y el tipo que le estaba hablando. Laura les miraba sin entender por qué ahora su hermana la estaba mirando con cara de furia. Nunca la había visto así, ni siquiera cuando sin querer le rompió una diadema con unas flores de hada.

Se acercó despacio hacia ella.

-Tengo que hablar contigo.

La niña rubia cogió de la mano amorosamente a su hermana, hasta que la llevó tras un escenario, fuera de la vista de todos. Entonces, se transformó.

-¿Qué has hecho? ¡eres mala!

La niña con el pelo castaño estaba asombrada y atemorizada por la transformación de su  hermana pequeña.

-Yo… no he hecho nada.

-Sí, has hecho algo, ¡eres mala!

Y sin decir ninguna otra palabra le dio un puñetazo en el estómago, que la dejó doblada. Eli se marchó sin volverse y Laura comenzó a llorar. No es que le hubiera dolido tanto el puñetazo, pero sí que su hermana le hubiera pegado, que le hubiese llamado mala, sin saber por qué. Lloró y lloró y nadie pudo hacerla parar, hasta llegar a casa.

Su madre se preocupó un momento pero enseguida se tuvo que reunir con un agente y una joven se ocupó de ella. Le dio un paquete de patatas empezado y un vaso de agua, y la dejó ahí llorando y sin entender nada.

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Si quieres saber por qué Eli pegó a Laura, te invito a leer “Una Boda por Contrato”

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