Era  un habitual y tonto lunes por la mañana, sobre las nueve, cuando  una serie de cosas extrañas comenzaron a suceder.

Nada más salir de  mi portal hacia el trabajo, solo había caminado unos cientos de metros, cuando vi una mujer joven, de unos treinta y algo… que caminaba con siete perros. Llevaba seis perros pequeños en un lado de la mano, con sus correas. y el séptimo era un poco más grande que el resto. ella dejo la mochila en el suelo junto al estanco y entró, dejando a los perros allí. Lo curioso es que todos eran negros.

Yo seguí caminando. Al cruzar la calle, vi a una chica embarazada con media cabeza rasurada, que caminaba junto a otro chaval con el pelo también medio cortado. No creo que tuvieran más de dieciocho años. Mirándolos, una mujer oriental casi se tropieza conmigo, iba hablando, o más bien gritando por el móvil, y otra mujer le contestaba muy alto en su idioma.

Lo sé,  son personas normales. Quizá no las normales de siempre que me encontraba en mi calle, pero yo sentía, de alguna manera que estaban fuera de lugar, como si fuera una actuación. No me cuadraban. o ¿me estaba volviendo paranoica?

Seguí caminando sumida en mis pensamientos y levanté la cabeza al pasar por unas casas bajas. de las que tienen el primer piso a ras de la calle.

Mi mirada se dirigió sin poder evitarlo a lo que sería la ventana del segundo piso. Una mujer estaba asomada. vestía muy elegantemente y me miraba fijamente. Debía tener unos sesenta años, rubia, el pelo hasta los hombros liso, y una camisa que parecía de seda. Unos pendientes dorados o de oro destacaban de entre su cabello. Me miró fijamente y me sonrió, pero no fue una sonrisa amable, o de reconocimiento. fue una sonrisa extraña, a la que le faltaban varios dientes. fue una sonrisa que decía. “ya verás lo que te va a pasar.”

Retiré la mirada, con un escalofrío.
Continué caminando hacia mi trabajo que estaba como a diez minutos de mi casa. Había tenido mucha suerte con ello.

Aunque ya llevaba otros cinco minutos alejada de la mujer, no me quitaba de la cabeza la malévola sonrisa de la desdentada.
¿Me había levantado hoy trastornada o qué pasaba? …si todos los lunes y miércoles hacía ese camino, nunca la había visto.
¿Significaría algo?

Llegué al cruce final para pasar al centro donde trabajaba como asesora laboral dos días a la semana.
El semáforo estaba rojo pero no venía nadie, así que crucé la calle.
La sonrisa desdentada fue la última cosa que vi en esta tierra.