La expedición volvió agotada y desesperada. como cada vez desde hace ya más de dos años; los ocho integrantes dejaron las armas en la entrada del tunel. Venían rotos y con la ropa casi quemada. Y sobre todo, cargados de testosterona.

Las Voluntarias acudieron presurosas a su encuentro, para aliviarles el sufrimiento que la carga hormonal producía en ellos tras el combate. De no ser así, morirían en menos de veinte minutos. Cada uno tenía asignado una o dos voluntarias, excepto John, que había comenzado una relación muy profunda con la directora del proyecto, la doctora Anne Baxter. Ahora ella “ejercía” de voluntaria, lo que le había causado al principio un poco de sonrojo pues todos sabían lo que hacían tras el combate,. Sin embargo, tras un año ya le daba bastante igual.

La carga cien veces más alta de testosterona les daba una fuerza increíble, un gran poder físico, que durante el combate agotaban en su mayor parte, y que tras diferentes estudios y pruebas encontraron que la mejor forma era el sexo consentido con voluntarias.

John se dirigió a la doctora.

-Hemos encontrado a la madre de los dragones, y la hemos herido, pero antes te necesito, Anne.

John tomó de la mano y casi arrastró a la directora. la llevó a la habitación que tenía consignada y le arrancó la ropa.

-Lo siento pero te necesito ya- mientras se quitaba su ropa también.

-¡Vas cubierto de sangre!

-Es de la dragona. Pero si no entro en ti ahora, moriré. Esta vez la dosis fue muy alta.

-Por supuesto. Estoy ahora con la menstruación, así que realmente no importa que estés cubierto de sangre…

Le arrancó la ropa y entró en ella  con fuerza, con ansia, necesitándola. Poco tiempo le llevó llegar al climax y ella, excitada y llena de sangre por dentro y por fuera, también le acompañó. No pasaron cinco minutos desde que él se retiró, que sintió de nuevo la necesidad de poseerla. Ella aceptó. Se dirigieron a la ducha ambos cubiertos de sangre, y allí, tras enjabonarse mutuamente, él la volvió a tomar.

-Espero no haberte hecho daño, perdóname. Quizá debiera haber ido con una de las chicas…

-No me has hecho daño aunque yo sí te lo haría si fueras con una de ellas en lugar de conmigo.

John sonrió mientras se secaba con la toalla.

-Tengo que vestirme e informar al resto del grupo. Hemos encontrado a la madre de dragones. Le corté un dedo de las garras superiores. Fíjate. Llevaba un anillo. Lo he traído para ti.

-Qué raro, ¡un anillo! ¿no es un animal salvaje?

-Hasta ahora todos los dragones lo eran, pero ella, es especial, por eso sé que es la dragona principal. Si acabamos con ella, puede que el problema se acabe. Lo curioso es que pudo haberme matado y no lo hizo. Ella es la más grande, mide casi cinco metros de altura. y, sinceramente, no sé cómo podremos sorprenderla. Ella es muy inteligente.

-Algún modo habrá.

John le puso el anillo en el dedo anular. Encajó sin problemas.

-Vamos, acompáñame a dar el informe.

Partieron tras dos semanas a la siguiente misión, otra vez viaje en el tiempo futuro, esta vez setenta años. Querían sorprenderla recién herida, justo al día siguiente. Ellos ya estaban recuperados y preparados con una dosis especialmente alta de testosterona, la única forma de combatir en un mundo devastado por los dragones y con pocas posibilidades de supervivencia.

El grupo volvió al día siguiente disminuido en la mitad de sus componentes. Los mejores guerreros entrenados por la humanidad habían fracasado. John no volvió.

Saldrían al día siguiente de nuevo, aunque sólo fuera con cuatro componentes. Tan desesperados estaban.

*******

-Déjame despedirme, hace setenta años no pude

La dragona gruñó pero no hizo nada por detenerla. La mujer se acercó al hombre que yacía moribundo en el suelo de la cueva.

-Sabes, John, nosotras somos una, cuando ella sufre, yo sufro, incluso cuando le cortaste el dedo meñique, el mío desapareció. Somos una sola alma. ¿Comprendes?

El comprendió. Mientras ella le daba su último beso de amor, él le cortó limpiamente el cuello, provocando que su hija muriera, no sin antes abrasarlos a ambos.

******

La misión volvió intacta, sin signos de violencia.

-¿Qué ha pasado? -preguntó Anne a Thomas, el nuevo comandante.

-La humanidad ha renacido  y los dragones han desaparecido. No será necesario enviar más misiones al futuro. ¡Es increíble!

-¿Lo… encontraste?

-Encontré tu anillo encima de un montón de cenizas.

Ella tomó el anillo con reverencia. Era exacto al que tenía en casa.